
La ciudad de Curitiba es uno de los mejores ejemplos del gran desarrollo económico e industrial llevado a cabo con responsabilidad y organización. Desde que fue declarada capital del estado de Paraná en 1853, la ciudad se ha sometido a varios proyectos de planificación urbana a gran escala concebidos para evitar el crecimiento descontrolado, y se ha convertido así en un modelo internacional a la hora de abordar cuestiones tan delicadas como el transporte y el medio ambiente.
Curitiba es actualmente la ciudad más poblada de la región sur de Brasil, con 1,8 millones de habitantes, y se encuentra en el centro de un área metropolitana cuya economía ocupa el cuarto puesto en términos de contribución al producto nacional bruto del país. A pesar de todo, Curitiba conserva las condiciones estructurales que le permiten ofrecer un considerable grado de bienestar y calidad de vida a sus habitantes, gracias a sus innumerables parques y a una importante oferta cultural.
Los curitibanos deben gran parte de su riqueza cultural al proceso de inmigración masiva que el sur de Brasil experimentó durante el siglo XIX, cuando recibió una gran cantidad de alemanes, italianos, ucranianos y polacos. Esto es perceptible en zonas de la ciudad como el barrio de Santa Felicidade, con sus cantinas italianas de primera calidad; el Bosque Alemão ('Bosque alemán') y la réplica de una iglesia ucraniana en el fabuloso Parque Tingüi.
Además del Tingüi, otros parques que demuestran la importancia que Curitiba otorga a la preservación de las zonas verdes son el Tanguá, el Barigüi y el impresionante jardín botánico. Otras de las atracciones de la ciudad giran en torno a su vibrante vida cultural, como la Ópera de Arame (un teatro construido con cristal y cables de hierro) y el ingenioso Museo Óscar Niemeyer, diseñado por el propio arquitecto.
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